sábado, 3 de octubre de 2009

LEYENDAS Y TRADICIONES QUITEÑAS - Oswaldo Rivera Villavicencio

Título: Leyendas y tradiciones quiteñas

Autor: Oswaldo Rivera Villavicencio (1930)

Año de publicación: 2008

Edición: Sur editores, segunda edición, octubre 2005

Páginas: 120, nota del editor, introducción, 3 apartados y bibliografía

El desarrollo cultural encamina a reflexionar sobre hechos históricos de las civilizaciones, fruto de la evolución social y el desentrañamiento de aspectos que encierran circunstancias y vidas de nuestros antepasados, fortalecedores de la historia y la geografía, prehispánicas e hispánicas configurantes y específicas.

Oswaldo Rivera Villavicencio, autor de obras históricas, literarias, filosóficas y narrativas que pasan de una treintena, transmite su producción titulada "Leyendas y tradiciones quiteñas" e historietas que aclaran los orígenes y el desarrollo de nuestros pueblos configuradores de la realidad socio-cultural, en la cual se descubren hechos, leyendas, relatos, costumbres, tradiciones, con sus modos de ser, sus angustias, padecimientos, esperanzas y el contenido del "despertar de la conciencia de la propia identidad".

La historia de Quito, Patrimonio de la Humanidad, se manifiesta en la trayectoria material y espiritual, en el modo de crecimiento y adelanto de la cultura, en enriquecer y cuidar las aportaciones y potencialidades, relacionando principios anímicos, las facultades de interacción social y de participación para dimensionar la sabiduría popular, el arte, la civilización, las leyendas y tradiciones de quitus, incas y españoles, sus callejuelas, quebradas, iglesias y la historia de los valores colectivos frente a la libertad de "Quito, Luz de América".

Nadie en el mundo se puede siquiera imaginar lo satisfecho que estoy de haber comprado y leído este libro. Es para estarlo.
En los momentos en los que estoy escribiendo esta entrada (29 de abril), que no tiene por qué ser el mismo en el que lo publico, estoy pasando las vacaciones en Quito, Ecuador. Sabido será por quien haya leído artículos míos anteriores que soy un gran aficionado a la literatura ecuatoriana (con excepciones, por supuesto), pero que en Madrid, ciudad en la que resido, me resulta poco menos que imposible adquirir obras nacidas en estas tierras. Pues bien, estoy aprovechando este viaje para renovar mi biblioteca así que mejor prepárense porque en los próximos meses este blog va a ser prácticamente monotemático.
Como además soy un enamorado confeso tanto de Quito como de las leyendas populares, estuve buscando de librería en librería una obra que me mostrase los rincones misteriosos de la ciudad con el fin de que me acompañase en mis paseos por la misma. Como sabrán mis conciudadanos madrileños, no es lo mismo pasear por el Madrid de los Austrias sabiendo que desde el balcón aquel que se asoma a esta callejuela se ha aparecido en más de una ocasión el fantasma de Torrebruno.
Entonces, me compro este “Leyendas y tradiciones quiteñas”, de Oswaldo Rivera Villavicencio. Abro el libro por la mitad y comienzo a leer la historia que se me presenta, titulada “El arte del libertador Bolívar”. Resulta que en una ocasión, después de completada la independencia de Latinoamérica, Simón Bolívar estuvo invitado a un baile entre la alta sociedad quiteña. Resulta que el Libertador demostró ante la concurrencia que era un gran bailarín…………………………………………………
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En una película del oeste ahora pasaría rodando una bola de espino……………….
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Pues efectivamente, esta es la leyenda (o la tradición, que no me queda muy claro cómo definirla). No hay nada más. Bolívar no le salvó la vida a nadie en la fiesta realizando una traqueotomía de urgencia con una cucharilla de café ni se le presentó el espectro de Prudencio Aguilar para hacerle compañía. Simplemente bailó.
Está bien, puede ser que el autor considerase importante meter en el libro un historia en la que se relacione a Bolívar con la ciudad de Quito, aunque fuese una chuminada.
Veamos otra historia.
“Monumento a los héroes”.
Anteriormente en medio de la Plaza Grande había una pileta. Desde el año 1888 el congreso solicitó que se construyera un monumento allí en memoria de los héroes de la independencia del Ecuador. Sin embargo no fue construido hasta que Eloy Alfaro fue investido presidente y empezó a recaudar fondos. El monumento fue inaugurado en 1906.
Y sobre este tema ya no hay nada más que decir.
En eso consiste este libro, en contar cosillas sin la menor importancia con el único fin de rellenar páginas. En realidad esta obra habría quedado más propia titulada como “Anécdotas triviales ocurridas en la ciudad de Quito y alrededores (a veces no tan alrededores, pues el autor mete al final unos relatos absurdos ambientados en Cotopaxi) que no le importan a casi nadie”.
En alguna ocasión el autor intenta ponerse más estupendo y entonces es cuando la caga en condiciones. Pondré como ejemplo un cuento dedicado a la heroína Juana Tipantasig. Resulta que en tiempos de la colonia Juana Tipantasig, una mujer indígena, lideró una pequeña revuelta contra las injusticias de los españoles. Ellos al final la capturan, le dan tormento y la ejecutan. De aquí se podría haber sacado una historia al menos apañada siempre y cuando el autor no dedique media página a la vida, obra y muerte de la protagonista y página y media a describir su tumba y cómo su cuerpo colorea la hierba, y el cielo es más azul gracias a ella, y todas esas chuminadas tan jipis…
Para acabar de comentar sobre las “””””leyendas””””” (si lo entrecomillara como se merece no me cabría más texto) que contiene este libro no puedo resistirme a hablar de aquella en la que se cuenta cómo llegó el fútbol a la capital, relato que se reduce al fina a un puñado de datos históricos y a una enumeración de los equipos que han jugado y juegan en Quito.
Llega ahora el terrible momento que he querido demorar al máximo en este comentario. Ya no lo puedo alargar más. Me toca hablar del estilo. Aunque soy consciente de que hay muchos matices entre ambos extremos, el estilo a la hora de escribir puede ser funcional, si el autor considera que lo más importante es que al lector le quede claro lo que se intenta contar, o florido, si al autor no le importa tanto el fondo de la historia y prefiere recrearse con las palabras. Pues bien, el estilo de este libro deja claro que lo que le importa al autor es que al lector le quede bien claro que tiene un vocabulario más amplio que él. Bueno, que él y que nadie. En otras palabras, es redicho, pero redicho hasta el cansancio. No es retorcido hasta el punto de que no se entiendan las historias (ojala lo fuera, así al menos podríamos creer que nos cuentan algo interesante) si no más bien hasta el punto de que, después de leídas un par de páginas, consideres que leer debe ser el acto más aburrido del mundo.

Puntuación: 23 sobre 100





3 comentarios:

  1. necesito laleyenda el cucurucho de san agustin porfevor consiganlo mi hotmail es mafer.ar@hotmail.com gracias

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  2. La verdad es que no conocía esta historia, pero escarbando por la web he encontrado este enlace de un capítulo de un libro donde lo explica:

    http://books.google.es/books?id=VJZzCpDFKZsC&pg=PA45&lpg=PA45&dq=cucurucho+san+agustin&source=bl&ots=blMAzuKCEw&sig=KzHZBEvuF0rmvqN2sIile5SLp-0&hl=es&ei=5x4kS_ecGdD84AbiqZjvCQ&sa=X&oi=book_result&ct=result&resnum=5&ved=0CBgQ6AEwBA#v=onepage&q=&f=false

    Espero que te sirva. Gracias por el comentario y por descubrirme esta historia tan interesante.

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  3. Por favor, ¿podrías resubirlo?, el link está caido.
    Gracias de antemano.

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