sábado, 5 de junio de 2010

EL RINCÓN DE LOS JUSTOS - Jorge Velasco Mackenzie

Título: El rincón de los justos

Autor: Jorge Eduardo Velasco Mackenzie (Guayaquil, Guayas, 1949)

Año de publicación: 1983

Edición: Libresa, colección Antares, segunda edición, 1990

Páginas: 221, Estudio introductorio + Algunos juicios críticos + Cronología + Bibliografía recomendada + Temas para trabajo de los estudiantes + 4 capítulos + epílogo

Jorge Velasco Mackenzie constituye, sin duda, una de las fuertes voces narrativas de la actual literatura ecuatoriana.
Velasco incorpora con esta novela, al escenario de lo literario, lugares y personajes que en el mundo real pertenecen a la esfera de lo marginal: en estas páginas se recogen sus vehemencias, su lenguaje, sus desafíos diarios, su detino trágico.

En el día de hoy regresamos a Guayaquil para comentar la novela corta de Jorge Velasco Mackenzie “El rincón de los justos”.

La novela le debe su título a un antro situado en un barrio marginal de la ciudad, Matavilela, barrio que tiene sus días contados pues va a ser desalojado por orden municipal. La novela se ambienta en el Guayaquil de finales de los años setenta (el autor es aún más concreto, haciendo coincidir la acción con uno de los sucesos más transcendentes y señalados de la ciudad: el fallecimiento y multitudinario velorio del cantante melódico Julio Jaramillo, ocurrido el 9 de febrero del año 1978 y que tendrá mucho peso en los personajes). Durante la corta fracción de tiempo en la que transcurre la obra (abarca de dos a tres días) vamos conociendo e integrándonos en el barrio. En tan poco espacio (la novela no dura más de ciento cincuenta páginas) seremos testigos y cómplices de cada uno de los personajes que pululan por este universo marginal: el bizco Fuvio, que pasa las noches espiando a una mujer; las dos Martillo, la virgen y la puta; Sebas, el más machito, líder espiritual de la comunidad; las Damas Tetonas de la Caridad, que recorren los peores lugares de la ciudad para recaudar las limosnas de las imágenes de yeso; el Diablo Sordo, que escribe secretos y analfabetos mensajes de amor a la mesera de “El rincón de los Justos”; Mañalarga y Marcial; el matrimonio Chacón; Paco y Blanca Aurora; Cristof; el Niño Avilés; Tello;…
Todos con una historia propia pero no aislada, que se cruza y que se mezcla con la de todos los demás conformando la radiografía de ese ecosistema tan distinto y tan igual en el mundo entero de un barrio marginal.
He de confesar que al principio la lectura de esta novela me resultó desconcertante y, por qué no decirlo, pesada. Esto lo achaco a la estructura de la novela. Está formada por cuatro capítulos que, a su vez, están compuestos por infinidad de fragmentos más o menos independientes. Cada una de estas secuencias está narrada de una forma distinta, ora en primera, ora en tercera persona (incluso hay alguna en segunda), por narradores distintos que nos se identifican. La cantidad de personajes y de subtramas que conforman la obra (además de la carencia de una trama principal) llega a abrumar en las primeras páginas, siendo imprescindible echar mano de las notas a pie de página para poder situarnos y saber en realidad qué está pasando. Pues bien, cuando toda esta confusión iba a hacer que etiquetara “El rincón de los justos” con el sello: Novela únicamente recomendada para aquellos que fueran capaces de pagar de la página 75 del “Ulises” de Joyce, de repente, la niebla se disipó.
De repente supe quién es quién, de repente me incorporé al relato, de repente un tostón de novela se convirtió en una narración apasionante que no pude dejar de leer hasta el fin. Y eso sin modificar su estructura inicial.
Esta novela presenta historias que son sublimes, dignas de ser consideradas como cuentos independientes. Es espectacular aquella en la que Sebas narra, en tiempo real y en primera persona, un partido de fútbol. O esa elegía póstuma a Julio Jaramillo escrita por uno de sus músicos.
Los personajes están muy bien desarrollados, son muy identificables y rebosan carisma. Además están bien balanceados, de tal forma que es difícil seleccionar a alguno por encima del resto (si tuviera que hacerlo me quedaría con el viejo Mañalarga, un botellero avaro y malhumorado que lee compulsivamente historietas de El Santo y fantasea con que regrese su hijo del servicio militar y se transforme en el héroe enmascarado).
El lenguaje se adecua perfectamente a cada uno de los muchos narradores, lo que también funciona como pista para ser identificados.
Todo lo expuesto es la grandeza de la obra de Velasco Mackenzie, la que no supe distinguir hasta que dejé de buscar el bosque y me recreé en los árboles. Y, por supuesto, ese es quizás también su hándicap, que no es una novela accesible para cualquiera, por más que la temática pueda resultar atractiva.

Puntuación: 94/100
 
Posdata. El día 19 de junio volveré para hablar de la colección de cuentos “Memorial de amores”, de Raúl Vallejo.

3 comentarios:

  1. Excelente novela! Tuve el placer de conocerle al maestro y la gracia de ser compañera de colegio de su hijo Jorgito, y de universidad de su hija Matilde.
    Así, sin que el destino lo advirtiera, y de casualidad enterarme que eran hijos de él.
    A mí personalmente me gusta mucho esta novela.

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